Una visita

Por José Joaquín López

Ayer a eso de las cuatro de la tarde, iba yo caminando por el Parque Central frente al Palacio Nacional, pensando en qué bonito sería verte y platicar con vos. Estaba haciendo un calor de la gran diabla por culpa de un sol quemante que en algún momento, no sé cómo, me dio de lleno en los ojos y me obligó a cerrarlos. En un instante el clima cambió y empezó a llover muy fuerte y cuando abrí los ojos, ya no era el Parque ni el Palacio, sino la calle frente a tu casa y me estaba mojando, entonces abrí la puerta, así como la abren ustedes, y entré. No se miraba a nadie por ningún lado, yo recordaba que me habías dicho que los miércoles tenías clases por la tarde, así que no estarías en casa. Pero entré, mojado como estaba, me asomé a la puerta de tu cuarto y ahí estabas vos, bien cuajada, como la bella durmiente de los cuentos.

Entré sin hacer ruido, cerré la puerta y me senté en tu cama. Vos tenías tu boquita apenas abierta, peiné tu cabello sobre tu oreja y te empecé a contar que en la mañana me había arreglado bien catrín para ir con un cliente nuevo, pero que antes tenía que pasar dejando el carro a la agencia para que lo revisaran por lo que pasó de regreso de El Estor, a ver qué tanto se había jodido el pobre y en cuánto me saldría la broma. Vos sonreíste porque dije otra vez la palabra jodido. A huevos, te dije. Por salir corriendo de la casa me olvidé de sacar del carro las cosas que tenía dentro, el bombo del grupo se había quedado en el baúl. Pero qué jodidos, pensé, total en la agencia a nadie le interesará un bombo de un grupo andino. Vos levantaste las cejas, como diciendo sí, ajá. Llegando a la agencia, me llama el cliente y me dice que ya no me recibirá porque no tiene internet hoy, pero que me llamará en la tarde. Entregué el carro y regresé entonces a la casa, me puse a ver algo en internet, hice una siesta, almorcé y volví a salir, ahora en camioneta, por supuesto. Fui al IGSS a entregar el acta de supervivencia de mi papá para que le sigan pagando su pensión, y luego fui al centro para sacar unas fotocopias y que me cortaran con guillotina unas tarjetas de presentación, pero cuando iba por el Parque y el Palacio se me apareció la lluvia y tu casa y entré. Vos diste un suspiro, como el que hace la gente que duerme plácidamente.

¿Sabías que nunca había sentido algo tan especial como con vos?, te dije. Vos sonreíste como si estuvieras soñando algo bonito y te acomodaste mejor en la cama. No sé si me oís, pero estar aquí con vos se siente bien, aunque estés dormida y afuera esté lloviendo como todos los demonios. No sé cómo es que estoy aquí, pero no importa, aquí estoy, velando tu sueño y viéndote lo hermosa que te mirás dormida. ¿Cómo te fue con tus laboratorios? ¿A qué hora te acostaste anoche? ¿Pensaste hoy en mí? Vos resoplaste suavemente y yo volví a peinar tu cabello sobre tu oreja, te dije bueno entonces adiós princesa, te di un beso en la mejilla y salí de tu cuarto sin hacer ruido, no fuera ser que te despertaras. Cuando abrí la puerta de la calle y salí, de nuevo era el Parque y el Palacio y el sol quemante. Por la noche te preguntaría en un mensaje de texto que cómo te había ido, a qué hora habías llegado y si había llovido por tu casa. Vos no me preguntarías cómo me fue a mí, porque ya te lo había contado todo.


Categoría(s): Amor

Tags: ,
Recibe gratis las historias: