Todo tiene solución

Por José Joaquín López

Paula se levanta plácida, llena de energía. Hoy tiene el día libre porque en el trabajo ayer entregó ese proyecto importante y en la universidad está de vacaciones. Coincide en día libre con su novio, Esteban, con quien saldrá de paseo por la tarde. Este seguro será un día fantástico, el sol salió ahora bien decidido a quedarse todo el día, mucha lluvia como que también aburre, piensa Paula. Su mamá ha sido muy amable en el desayuno, y su papá, en un raro gesto romántico, fue al jardín y cortó dos rosas, una roja y una blanca. La roja para mamá y la blanca para vos, le dijo cuando entró del jardín. Todo parecía perfecto, porque Paula aún no había recibido un par de mensajes en su celular que le amargarían el día.

Después del desayuno Paula va a supermercado a comprar cosas para la casa y para ella. Va feliz, va contenta, todo mundo parece amable, este es un día bonito, le cuesta pensar que hayan gentes amargadas. Camina por los pasillos del super y escoge los productos: leche, corn flakes, yogurt, azúcar. Luego pasa a la sección de lencería y compra ropa interior, quién sabe, tal vez y haya suerte con Esteban hoy por la noche. Mientras sonríe pensando en su novio, le llega el primer mensaje de celular:

Mayra

22-Jul-08 9:49 a.m.

Tenés que venir. El cliente no autoriza el proyecto y está molesto.

El proyecto es uno de los más importantes de la empresa, y el cliente estuvo en cada paso del desarrollo y estuvo de acuerdo con todo. Fueron varios fines de semana y noches de desvelo y aparentemente, todo quedó perfecto. ¿Qué habría fallado? La empresa dependía en buena parte de ese proyecto para este año, y si se pierde el cliente, las cosas se pondrán muy malas. Muy malas.

Paula llama entonces a Esteban y anula los planes para la tarde. Nota a Esteban algo molesto, pero no tanto por los planes anulados sino por algo más. Y recuerda que en días anteriores tuvieron una pelea algo rara. Se siente mal porque esperaba de su novio algunas palabras de aliento, porque él sabía lo importante que era para ella ese proyecto. Él, que siempre había estado con ella, ahora pareció tan distante, tan incomprensivo. Ni siquiera respondió el tequieromucho que ella le dijo cuando se despidió.

Bueno, pensó Paula, hay que hacerle, porque no queda de otra.

Cuando sale del super, algunas nubes están amenazando con llevarse el bonito día que hasta ahora estaba haciendo. Para qué quiero ahora un día bonito, pensó amargada Paula, y salió del comercial rumbo a su casa sin la sonrisa y el buen ánimo que traía. Una mujer policía la mira y hace un inexplicable gesto de desprecio mientras ella pasa y cruza la calzada para llegar a su colonia. Al llegar a casa, su mamá le reclama varias cosas que no había traído: carne (cómo se la había encargado), sal y condimentos. Si no me ayudás m’hija, quién lo va a hacer, no te puedo encargar ni una cosa pequeña que no me la hacés. Y tu padre, que salió bravo a saber por qué. Una se cansa, así no se puede.

Paula se arregla para ir a la oficina de mala gana, siente un poco de náusea al pensar en qué podría estar mal del proyecto, si todo estaba bien, qué se yo, tal vez una falta de ortografía, yo le dije al Gustavo que ese su color verde no iba bien ahí y de plano que eso no le gustó al cliente. Y yo, que soy la principal responsable, de seguro, despedida. Yo, que trabajé más que ninguno y que dí más del 100%, voy a quedar sin empleo. Adiós carro, adiós luna de miel en Cancún, adiós casamiento. Una lágrima de cólera se le sale mientras cambia de rojo a verde un semáforo de la Avenida Reforma.

Al llegar a la oficina, la cosa parece cementerio. Nadie habla, y todos están pasando el tiempo leyendo, viendo videos en internet, bajando música. Mayra, su jefa, le explica que el cliente llamó muy molesto en la mañana y que quería explicaciones por la tarde. Hasta hizo una amenaza velada de quitarle la cuenta a la agencia. No se mira bien la cosa vos, así que repasá la presentación y todo el material, porque habrá que defenderse y aguantar la tormenta que se viene.

Paula está en la computadora cuando su celular vibra, y es un mensaje de Esteban:

Esteban

22-Jul-08 11:55 a.m.

Tenemos que hablar. Paso por vos a las 7 a tu casa.

Un suspiro profundo sigue a la lectura. Y bueno, la idiota de la Yasmín seguro ya lo estaba haciendo tambalear. Con esas sus falditas y su cara de mosquita muerta todo el día en la oficina cerca de Esteban, algo tenía que pasar Y el otro caliente que no tiene principios. Seguro que por ahí va la cosa y por eso lo sentí distante e indiferente cuando le hablé por teléfono. Tenemos qué hablar, ¿no podías dejarlo para más tarde idiota? Paula vuelve a la computadora y sigue revisando la documentación del proyecto y ahora le parece que tiene muchos puntos flacos que al cliente le habrán disgustado. Almuerza en McDonald’s, sin ganas. La comida no le cae bien y regresa con agruras a la oficina. El cliente llegará a las 2:30.

Puntual, como siempre, don César llega, educado y cortés como es su costumbre, pero con gesto severo y molesto. Entra a la oficina de Mayra y casi tira el cd del proyecto en el escritorio y se escucha claramente afuera cómo levanta la voz y dice: ¡Que alguien me diga qué es esto!

Mayra toma el cd y lo introduce a su computadora. Y cuando mira lo que hay, se le sale un suspiro entre aliviado y avergonzado.

—Don César, este no es el cd del proyecto —explica Mayra—. Es un piloto de una campaña que propusimos el año pasado a otro cliente. Debe haber sido una equivocación y le mandamos un cd equivocado. Entiendo su enojo y le pido disculpas.

—Ya decía yo que esto no podía ser —responde don César—. También es cierto que no vi la presentación entera, si no, me hubiera dado cuenta. No he tenido buenos días últimamente.

Luego entra Paula con el ambiente ya aliviado y explica ciertos detalles de la campaña. Don César queda encantado y se va de la agencia sin imaginarse las penas que provocó por no ver bien el material que le habían enviado. El personal ahora está alegre y Mayra dice que se pueden todos ir a casa, pero que mañana los quiere bien temprano, porque la campaña comienza en quince días y tiene que estar todo a punto.

Una vez resuelto el primer conflicto de nuestra historia, ahora viene la resolución del segundo. El lector avezado ya habrá adivinado que el segundo conflicto también se resuelve favorable para Paula, así que miremos ahora cómo Paula sabe a qué se refería Esteban con su tenemos que hablar.

Paula se queda un rato más para revisar su email se conecta al gmail y ahí está, con una lucecita verde de chat, Esteban. Hace clic en el nombre de su amado y chatean:

Yo: hola

Esteban: hola cielo

Yo: de qué es lo que vamos a hablar?

Esteban: prefiero no decirlo ahorita

esperame, teléfono

Yo: ok

Paula se pregunta ahora qué le irá a decir. Si no le hubiera dicho cielo, pues la cosa sería terrible, habría que esperar lo peor. O quién sabe, quién entiende a los hombres. Esteban se asoma de nuevo al chat.

Esteban: volví

Yo: ok, entonces qué es eso de tenemos que hablar?

Esteban: pues tiene que ver con algo bueno 🙂

Yo: bueno?? cómo??? y qué te pasaba en la mañana??

Esteban: pues con algo como Cancún y luna de miel

en la mañana me hicieron atender a un cliente malhumorado, en mi día libre!

cielo, te veo en la noche, tengo que desconectarme, tqm

Yo: tqm, bye

Paula casi brinca de la alegría. “Cancún y luna de miel” ¡qué bien suena eso! Se asoma a la ventana de su oficina y mira cómo una tarde preciosa cubre a la zona 10. Todo es tan bonito. Baja al parqueo por su carro, sale del edificio, toma la Avenida Reforma, en el radio suena una canción vieja, de Frank Sinatra, Fly me to the moon. Adelante de ella va un BMW, lindo, del año. Paula silba contenta, piensa que en esta vida todo tiene solución, cuando el BMW nuevo se detiene de improviso y ella choca con él, y recuerda entonces que desde hace tres meses, por descuidada, no paga el seguro del carro.


Categoría(s): Gente

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