El club de los suicidas

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Así decidieron ponerle a su banda de rock unos adolescentes que ensayaban cerca de mi casa, en casa del baterista. Yo era amigo de su tío Manuel, quien vivía allí, y a veces miraba partidos de fútbol y tomábamos cerveza en su casa. Carlos se llamaba el muchacho baterista. Se preocuparon, por insistencia de mi amigo, de aislar un poco el ruido para no espantar a los vecinos. Tocaban death metal, así que la advertencia tenía sentido. El nombre de la banda me pareció al principio un juego adolescente. Leer más →

El guitarrista

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Nino era extremista: amaba u odiaba intensamente y con la única persona en el mundo que podía entenderse era con su madre. Era a la única persona a la que él respetaba. Delante de ella no podía tomarse un trago ni fumar un cigarrillo. Yo siempre fui su amigo de lejos, porque solía ser hiriente cuando uno le contradecía en algo. Pero era un músico excelente, uno de los mejores guitarristas que he escuchado en la vida. Y su muerte no podía dejar de ser trágica, como les contaré.  Leer más →

Pajarillo verde

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Todo iba bien en el viaje a Pana hasta que se murió el Carlos. Se quedó dormido en el carro boca arriba y por el exceso de mota y de cerveza se ahogó en su propio vómito. Fue la primera vez que la muerte me tocó tan de cerca y por estas fechas, cuando comienza a llover, me acuerdo y me pongo triste. Nunca se me va a olvidar el viaje de madrugada de regreso con el Carlos, o su cuerpo quiero decir, a la par mía y cómo, todavía borrachos, bromeábamos como si estuviera vivo.  Leer más →

El coro navideño

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Cuando estaba en tercer año de secundaria entré a formar parte del coro del colegio, no porque me interesara tanto el arte sino para no volver a casa temprano por las tardes. Como era un colegio bilingüe, para fin de año había siempre una presentación especial con villancicos navideños en inglés. En el coro estaba Alicia, una muchacha bonita que era genial para cantar y de quien aprendí a entender y a disfrutar la música y la vida. Leer más →

La pasajera desconocida

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Un viernes después de una semana cansada en la oficina fui a traer a mi mujer. Había un tráfico intenso y yo tenía dolor de cabeza. Me estacioné en la calle frente al edificio en donde trabajaba y apenas distinguí su uniforme y su silueta quité el seguro de la puerta del copiloto. Entró, nos dijimos hola y arranqué. Estaba tan agotado que me pareció que era una sombra la que entraba. Ella dijo que estaba muy cansada. Media hora después sonó el celular; era el número de mi mujer. Hasta entonces me di cuenta de que no era mi esposa a quien llevaba conmigo. Leer más →

La cantante

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Siempre admiré la voz y energía de Pilar. La conocí cuando iba al conservatorio; ella siempre rodeada de admiradores porque era guapa, yo siempre ensayando. Componía sus propias canciones y soñaba triunfar con la música. Yo nunca tuve más aspiración que tocar todos los fines de semana, porque la música era mi vicio y yo estaba bien sabido de que yo no era ningún genio. Con vos quiero cantar, me dijo cuando me escuchó una tarde de ensayo. Leer más →

El corredor

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Cinco de la madrugada de viernes, aún a oscuras la ciudad empieza su carrera en contra del tiempo. César ya está trotando por las calles cercadas de su colonia, con su reproductor mp3 en el brazo y los audífonos colocados a todo volumen. El ruido vehicular comienza a entrar por las ventanas a las casas. I gotta feeling, that tonight’s gonna be a good night, vibra en sus oídos y le ayuda a tener un buen ritmo de trote. Luego de algunos minutos comienza a correr más rápido. Piensa satisfecho en que tendrá todo el día ocupado, en la mañana y tarde con el trabajo, luego la universidad y luego la disco con la flaca. No habrá tiempo de pensar. Leer más →

La pianista

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Al apartamento de enfrente un día se mudó una muchacha de unos veintitantos, algo regordeta, de sonrisa discreta y maneras finas. La vi llegando con el camión de mudanzas y me ofrecí a ayudar con el piano recto que llevaban torpemente un par de tipos, que después me enteré eran sus hermanos. Como recién divorciado que era por aquel entonces, sin dinero ni nada bueno que hacer, ayudé toda la tarde en la mudanza y me hice amigo de la pianista. Me puse a la disposición, como el buen vecino que nunca había sido. Leer más →

Aunque sólo uno fuera

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En el bar La Luna, en el pasaje Aycinena, dos amigos cervecean al filo de la medianoche de un viernes. El Peluca canta canciones rockeras de los 80s y la gente ya con una buena cantidad de alcohol en sus cuerpos canta y pide más música, algunos bailan. La mujer y la familia política del Peluca atiende a los clientes, que desde hace buen tiempo siempre llenan el lugar. También sus bolsillos, que es lo más importante. Suena una canción y uno de los dos amigos interrumpe la plática para prestarle atención a la letra. Leer más →

La pedida

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En una aldea del interior de la república, Evaristo Penados se prepara para ir a pedir la mano de su novia, María Pirir. Llevan un año de noviazgo y Evaristo sabe que María, la Mari, es todo para él, y narcotizado por la locura del enamoramiento no puede esperar más a que sea su mujer. Todo será mejor con su compañía, piensa, fantasea con hacerle el amor de manera romántica y demás cosas como envejecer juntos, algo que parece tan fácil cuando se está enamorado. Sin embargo, tiene miedo de que el papá de ella, el cascarrabias de don Jacinto, ponga algún pero o que lo trate mal, y eso lo tiene un poco angustiado. Leer más →