Sexo y cigueñas

El niño José Joaquín está platicando con su amigo Henry Chivalán en un colegio de Guatemala:

Henry: — ¿Vos sabés cómo se hacen los bebés?

José Joaquín (un poco avergonzado): — Yo no. ¿Y vos?

Henry (muy ufano): — Sí, mi tío me explicó cómo era la cosa. Eso de las cigüeñas es mentira, se lo dicen a los niños para entretenerlos.

José Joaquín (avergonzado sí, pero ahora interesado): — ¿Y cómo es la cosa pues?

Henry (en tono didáctico): — Los bebés se hacen por medio del beso. El hombre transmite sus espermatozoides a la mujer a través de la saliva. Cuando los espermatozoides llegan al estómago de la mujer encuentran el óvulo. Lo fecundan y de allí sale el bebé.

José Joaquín (decepcionado): — ¿Y eso es todo?

Henry: — Sí. Mi tío sabe bien de esto porque es doctor.

José Joaquín se queda con la duda de qué jodidos es espermatozoide y óvulo, pero no se atreve a preguntar más. Los dos niños acuerdan jugar fútbol antes de que se termine el recreo.

39 Comments

  1. El amor es el elemento más importante de la naturaleza humana.
    De acuerdo a Confucio, “el amor es la residencia de todas las virtudes, y es necesario practicarlo con todas nuestras fuerzas”, y “el amor es la esencia del hombre y la virtud es su senda”. Confucio enfatiza que el hilo conductor de todas sus enseñanzas, es el comprender el principio del amor y su realización, y le pide a la gente que lo cultive: “la gente necesita el amor con más urgencia que el agua y el fuego. El principio del amor debe ser aplicado tanto por los gobernantes, como por los gobernados”.

  2. Propaguemos con toda nuestra intensidad el amor y el afecto y le estaremos propinando el primer revés a la farmacodependencia.
    ¡Viva la AUTOESTIMA!

  3. El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, en cuyo Artículo 19 glamorosamente se establece que:
    “(…)Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” Indudablemente que este principio constituye nuestro salvoconducto  para comunicarnos con el Universo.
    ¡Viva la libertad de expresión!

  4. Aun bajo la atocigante solidaridad propia y comprometida del encubrimiento o la complicidad que yace en la espiritualidad de los convictos y confesos sujetos de reclusiones de máximas seguridades; incluso ejerciendo el transitorio cargos de presidentes de algunas repúblicas, no puede justificar, ni siquiera de forma y manera extralegem, las peticiones proferidas y sustentadas en solidaridades que impelan, al colectivo nacional o universal, a una especie de incontrovertible aceptación de irracionales consideraciones sugeridas en defensa de la impunidad, poco santa y generalizada, de perpetradores de delitos de lessa humanidad.

  5. “(…)Alimentamos los cuerpos de nuestros hijos y amigos y empleados; pero muy raras veces alimentamos su propia estima. La diferencia entre la apreciación y la adulación es muy sencilla. Una es sincera y la otra no. “Pasaré una sola vez por este camino; de modo que cualquier bien que pueda hacer o cualquier cortesía que pueda tener para con cualquier ser humano, que sea ahora. No la dejaré para mañana, ni la olvidaré, porque nunca más volveré a pasar por aquí.” Dale Carnegie. “Todo hombre que conozco es superior a mí en algún sentido. En ese sentido, aprendo de él”. Emerson(…).-

  6. Me es altamente placentero traer al recuerdo y altísimo sentimiento humanístico de mis queridos compañeros, co-usuarios de esta hermosa y espectacular vía de comunicación, el inmenso disfrute dimanado de una de las irrefutables joyas didacticas de inspiración ecológica, aderezada de aquilatadas orientaciones ambientales y destinadas a fomentar nuestro amor por la Madre Naturaleza identificado como:”CARTA DEL JEFE SEATTLE AL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS” cuyo contenido me permito transcribir de seguidas así:
    “ El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Wáshington. A cambio, el respetable gobernante, promete crear una “reservación” para el pueblo indígena. En 1855 Jefe Seattle responde al Presidente Franklin Pierce” al tenor de la siguiente pieza oratoria monumental:
    “(…) El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja. Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados. Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa. La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto. Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo. No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos. ¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos. El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados. Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo. Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos. Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo. Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo. Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca. La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos. Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja. Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar. ¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció. ¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció. La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia(…)”
    ¡Buen provecho!

  7. Venezuela, hoy absorta en el Espíritu de la Navidad se prepara para dar y seguir brindando sus más preciados presentes decembrinos al Ser apreciado, adecuado, inesperado y sorprendido quien no tiene que darnos las gracias al recibirlo, porque somos nosotros quienes se las debemos por aceptarnos nuestro humilde, mejor y sincero obsequio. El mío para todos ustedes, en esta Navidad, la propiamente dicha [la más sublime que la del decir de que: “Todo el año es navidad”], está referido a la obra literaria: “Coloquio bajo la palma”, poema de Andrés Eloy Blanco como exaltación del espíritu de superación del ser humano, de la necesidad de estudiar y prepararse (alumbrarse; como señala el apreciado poeta venezolano A.E.B., tomando la idea de Bolívar: ”Moral y luces son nuestras primeras necesidades”) cuyo contenido poético es del tenor siguiente:
    “(…) Lo que hay que ser es mejor
    y no decir que se es bueno
    ni que se es malo,
    lo que hay que hacer es amar
    lo libre en el ser humano,
    lo que hay que hacer es saber,
    alumbrarse ojos y manos
    y corazón y cabeza
    y después ir alumbrando.
    Lo que hay que hacer es dar más
    sin decir lo que se ha dado,
    lo que hay que dar es un modo
    de no tener demasiado
    y un modo de que otros tengan
    su modo de tener algo,
    trabajo es lo que hay que dar
    y su valor al trabajo
    y al que trabaja en la fábrica
    y al que trabaja en el campo,
    y al que trabaja en la mina
    y al que trabaja en el barco,
    lo que hay que darles es todo,
    luz y sangre, voz y manos,
    y la paz y la alegría
    que han de tener aquí abajo,
    que para las de allá arriba,
    no hay por qué apurarse tanto,
    si ha de ser disposición
    de Dios para el hombre honrado
    darle tierra al darlo a luz,
    darle luz al enterrado.
    Por eso quiero, hijo mío,
    que te des a tus hermanos,
    que para su bien pelees
    y nunca te estés aislado;
    bruto y amado del mundo
    te prefiero a solo y sabio.
    A Dios que me dé tormentos,
    a Dios que me de quebrantos,
    pero que no me de un hijo
    de corazón solitario (…)”
    Autor: Andrés Eloy Blanco.

  8. Os invito, DE NUEVO Y PARA SIEMPRE, al disfrute de otra genialidad deliciosa del gran amante de las golocinas y los poemas, el siempre presente en nuestros formidables recuerdos, AQUILES NAZOA, El más grande de los venezolanos humildes.
    ¡Disfrútenlo!

    “(…) Creo en Pablo Picasso,Todopoderoso,Creador del Cielo y de la Tierra;
    creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,
    que fué crucificado, muerto y sepultado por el tiempo ,
    pero que cada día resucita en el corazón de los hombres,
    creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable,
    creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa,
    creo en la cualidad aérea del ser humano,
    configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatíendose
    como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
    creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente
    debajo de la almohada de mi niñez;
    creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música,
    yo que en las horas de mi angustia ví al conjuro de la Pavana de Fauré,
    salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma,
    creo en Rainer María Rilken héroe de la lucha del hombre por la belleza,
    que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer,
    creo en las flores que brotaron del cadaver adolescente de Ofelia,
    creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;
    creo en un barco esbelto y distantísimo
    que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;
    su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles,
    junto a sus cienes un resplandor de estrellas,
    creo en el perro de Ulises,
    en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas,
    en el loro de Robinson Crusoe,
    creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta,
    el beralfiro el caballo de Rolando,
    y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero,
    creo en la amistad como el invento más bello del hombre,
    creo en los poderes creadores del pueblo,
    creo en la poesía y en fín,
    creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama..(…)”(Aquiles Nazoa)
    Con mucho aprecio
    Guarataro del Guaire

  9. GUARATARO DEL GUAIRE dice que no hay mejor momento que esta grandiosa celebración de la Semana Santa para disfrutar a plenitud de la magna obra literaria del Padre Ramón Cué S.J.,la cual se expresa así:
    “(…)A mi Cristo roto, lo encontré en Sevilla. Dentro del arte me subyuga el tema de Cristo en la cruz. Se llevan mi preferencia los cristos barrocos españoles. La última vez, fui de compras en compañía de un buen amigo mío. Al Cristo, ¡Qué elección! Se le puede encontrar entre tuercas y clavos, chatarra oxidada, ropa vieja, zapatos, libros, muñecas rotas o litografías románticas. La cosa, es saber buscarlo. Porque Cristo anda y está entre todas las cosas de éste revuelto e inverosímil rastro(bazar) que es la Vida.
    Pero aquella mañana nos aventuramos por la casa del artista, es más fácil encontrar ahí al Cristo, ¡Pero mucho más caro!, es zona ya de anticuarios. Es el Cristo con impuesto de lujo, el Cristo que han encarecido los
    turistas, porque desde que se intensificó el turismo, también Cristo es más caro. Visitamos únicamente dos o tres tiendas y andábamos por la tercera o cuarta.
    “Ehhmm, ¿Quiere algo padre?”
    “Dar una vuelta nada más por la tienda, mirar, ver. “
    ¡De pronto! frente a mí, acostado sobre una mesa, vi un Cristo sin cruz, iba a lanzarme sobre él, pero frené mis ímpetus. Miré al Cristo de reojo, me conquistó desde el primer instante. Claro que no era precisamente lo que yo buscaba, era un Cristo roto. Pero esta misma circunstancia, me encadenó a él, no sé por qué. Fingí interés primero por los objetos que me rodeaban hasta que mis manos se apoderaron del Cristo, ¡Dominé mis dedos para no acariciarlo! No me habían engañado los ojos! ¡No!. Debió ser un Cristo muy bello, era un impresionante despojo mutilado. Por supuesto, no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero, y aunque conservaba la cabeza, había perdido la cara.
    Se acercó el anticuario, tomó el Cristo roto en sus manos y…
    “¡Ohhh, es una magnífica pieza, se ve que tiene usted gusto padre, fíjese que espléndida talla, qué buena factura!”
    “¡Pero! está tan rota, tan mutilada! “
    “No tiene importancia padre, aquí al lado hay un magnífico restaurador amigo mío y se lo va a dejar a usted, ¡Nuevo! “
    Volvió a ponderarlo, a alabarlo, lo acariciaba entre sus manos; pero no acariciaba al Cristo, acariciaba la mercancía que se le iba a convertir en dinero.
    Insistí; dudó, hizo una pausa, miró por última vez al Cristo fingiendo que le costaba separarse de él y me lo alargó en un arranque de generosidad ficticia, diciéndome resignado y dolorido:
    “Tenga padre, lléveselo, por ser para usted y conste que no gano nada 3000 pesetas nada más, ¡Se lleva usted una joya!. “
    El vendedor exaltaba las cualidades para mantener el precio. Yo, sacerdote, le mermaba méritos para rebajarlo. Me estremecí de pronto. ¡Disputábamos el precio de Cristo, como si fuera una simple mercancía!. ¡Y me acordé de Judas! ¿No era aquella también una compraventa de Cristo?
    ¡Pero cuántas veces vendemos y compramos a Cristo, no de madera, de carne, y en él a nuestros prójimos! Nuestra vida es muchas veces una compraventa de
    cristos. ¡Bien! cedimos los dos, lo rebajó a 800 pesetas. Antes de despedirme, le pregunté si sabía la procedencia del Cristo y la razón de aquellas terribles mutilaciones. En información vaga e incompleta me dijo que creía procedía de la sierra de Arasena, y que las mutilaciones se debían a una profanación en tiempo de guerra.
    Apreté a mi Cristo con cariño, y salí con él a la calle. Al fin, ya de noche, cerré la puerta de mi habitación y me encontré sólo, cara a cara con mi Cristo. Que ensangrentado despojo mutilado, viéndolo así me decidí a preguntarle:
    “Cristo, ¿Quién fue el que se atrevió contigo?! ¿No le temblaron las manos cuando astilló las tuyas arrancándote de la cruz?! ¿Vive todavía? ¿Dónde? ¿Qué haría hoy si te viera en mis manos? ¿Se arrepintió? “
    “¡CÁLLATE! Me cortó una voz tajante. ¡CÁLLATE, preguntas demasiado! ¿Crees que tengo un corazón tan pequeño y mezquino como el tuyo?! ¡CÁLLATE! No me preguntes ni pienses más en el que me mutiló, déjalo, ¿Qué sabes tú? ¡Respétalo!, yo ya lo perdoné. Yo me olvidé instantáneamente y para siempre de sus pecados. Cuando un hombre se arrepiente, Yo perdono de una vez, no por mezquinas entregas como vosotros. ¡Cállate! ¿Por qué ante mis miembros rotos, no se te ocurre recordar a seres que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos los hombres?. ¿Qué es mayor pecado? Mutilar una imagen de madera o mutilar una imagen mía viva, de carne, en la que palpito Yo por la gracia del bautismo. ¡Oh hipócritas! Os rasgáis las vestiduras ante el recuerdo del que mutiló mi imagen de madera, mientras le estrecháis la mano o le
    rendís honores al que mutila física o moralmente a los cristos vivos que son sus hermanos”. Yo contesté:
    “No puedo verte así, destrozado, aunque el restaurador me cobre lo que quiera ¡Todo te lo mereces! Me duele verte así. Mañana mismo te llevaré al taller. ¿Verdad que apruebas mi plan? ¿Verdad que te gusta? “
    “¡NO, NO ME GUSTA! Contestó el Cristo, seca y duramente. ¡ERES IGUAL QUE TODOS Y HABLAS DEMASIADO! “
    Hubo una pausa de silencio. Una orden, tajante como un rayo, vino a decapitar el silencio angustioso.
    “¡NO ME RESTAURES, TE LO PROHIBO! ¿LO OYES?! “
    “Si Señor, te lo prometo, no te restauraré. “
    “Gracias”. Me contestó el Cristo. Su tono volvió a darme confianza.
    “¿Por qué no quieres que te restaure? No te comprendo. ¿No comprendes Señor, que va a ser para mí un continuo dolor cada vez que te mire roto y mutilado? ¿No comprendes que me duele? “
    “Eso es lo que quiero, que al verme roto te acuerdes siempre de tantos hermanos tuyos que conviven contigo; rotos, aplastados, indigentes, mutilados. Sin brazos, porque no tienen posibilidades de trabajo. Sin pies,
    porque les han cerrado los caminos. Sin cara, porque les han quitado la honra. Todos los olvidan y les vuelven la espalda. ¡No me restaures, a ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele, a ver si así, roto y
    mutilado te sirvo de clave para el dolor de los demás! Muchos cristianos se vuelven en devoción, en besos, en luces, en flores sobre un Cristo bello, y se olvidan de sus hermanos los hombres, cristos feos, rotos y sufrientes. Hay muchos cristianos que tranquilizan su conciencia besando un Cristo bello, obra de arte, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. Esos besos me repugnan, me dan asco!, Los tolero forzado en mis pies de imagen tallada en madera, pero me hieren el corazón. ¡Tenéis demasiados Cristos bellos! Demasiadas obras de arte de mi imagen crucificada. Y estáis en peligro de quedaros en la obra de arte.Un Cristo
    bello, puede ser un peligroso refugio donde esconderse en la huida del dolor ajeno, tranquilizando al mismo tiempo la conciencia, en un falso cristianismo”.Por eso ¡Debieran tener más Cristos rotos, uno a la entrada de cada templo, que gritara siempre con sus miembros partidos y su cara sin forma, el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos los hombres! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a tí, aunque amargue un poco tu vida. “
    “Si Señor, te lo prometo”. Contesté. “Y un beso sobre su único pie astillado, fue la firma de mi promesa.Desde hoy viviré con un Cristo roto(…)”
    (Autoría del Padre Ramón Cué S.J.)

  10. Dentro de pocas horas del día 02/08/2013, en una avenida céntrica avenida de la fabulosa ciudad de Caracas, capital de la República Bolivariana de Venezuela,estaremos precenciando el desfile ínsólito, inaudito y escandalizante de lo nunca imaginado: “MÁS DE CIEN MIL (100.000) MALEANTES QUE SE SOLTARON del gran closet de la UNIDAD de golpistas, manganzones y otros sinverguenzas, aspirantes a ARISTOCRÁTICOS PRANES CARCELARIOS, a dar rienda suelta a su inmenso e incontenible deseo de gritarle al mundo su inquebrantable admiración por los “mardos”, “choros, pranes, internos, carterístas, atracadores y demás malandros aromáticos que pululan por ahí… y quienes elevarán su chillonas, aniñadas y destempladas voces de protesta gritando: “Con mi mardo no se metan” sin referirses a algunos de nosotros, mas qué importa, si lo trascendente es vivir a plenitud este mismo instante- no obstante si logramos transponer el 02.08.13 e ingresar feliz y airosamente a nuestras nuevas o emocionantes expectativas de vida a partir del 03JUL2013 ¿Cómo deberemos comportarnos? o mejor, ¿Cuál será nuestro nuevo proyecto de vida?. Es posible que a esta hora no lo hubieramos previsto ni soñado.
    Ante algunas dudas trascendentales de carácter vivencial respecto a nuestro futuro incierto, lo mejor será seguir algunos consejos de generosos congéneres, con más horas de vuelo que nosotros, que no tengan a menos de compartir sus valiosas experiencias con nosotros, razón por la cual me voy a permitir sugerir la asistencia gloriosa del extraordinario escritor argentino Jorge Luis Borges quien a sus 85 años de fructífera vida solía, mediante su poema filosófico “INSTANTES”, añorar:
    “(…)Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres. Subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares a los que nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada momento de su vida, claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría solamente de tener buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, solo de momentos, no te pierdas el ahora. Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas. Si pudiera volver a vivir, comenzaría así hasta concluir el otoño, daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños si tuviera otra vez la vida por delante … Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo(…)” (Jorge Luis Borges).

    MALANDROS DESVERGONZADOS ¡VUELVAN AL CLOSET DE DONDE NO DEBIERON HABER SALIDO

  11. “(…)Una vez más han callado a la palabra. Una vez más la palabra se agazapa, se repliega, se detiene. Ha muerto el hijo de Sara… han matado al hijo de Sara. El mundo no entiende por qué las balas han interrumpido al verbo que emanaba paz, al mensaje vivo de la concordia, al ícono de la euforia por vivir y hacer sin titubear lo que nace desde dentro. Han atentado contra el hombre y su libertad, contra el emblema del albedrío independiente.
    Y es que no ha muerto sólo un cantante, ha muerto el cantor universal, un poeta, un místico, un hombre sencillo que hizo de la trashumancia un arte y de la canción una prédica, una rogativa, una homilía…
    Facundo Cabral ya no será más el juglar, siempre errante, que con su mezclilla romántica, su barba florida, su guitarra y su palabra, anduvo la vida y los pueblos “[soñando] panes enteros/ en un mundo de migajas”. Ya no estremecerá más a las multitudes que lo seguían en los teatros o en las plazas, para meterse en el embrujo de su retórica misteriosa y su figura de profeta, para beber el fulgor contemplativo en su voz reveladora, en el oleaje verbal de cada verso, de cada nota…
    El mensajero mundial de la paz fue derribado por el viento lóbrego de la barbarie en uno más de la cifra legendaria de países recorridos: Guatemala. Murió al amanecer camino al aeropuerto de “La Aurora”, tal vez sin advertir siquiera el escenario aquel de su canción premonitoria: “Cuando el universo me abandone y el viento desgaste mis manos y abrevie mis pasos… cuando el sol esté ausente del cielo y no me alcance el día, cuando el mundo no me proteja del vacío, cuando el todo se aleje y se confunda en la nada, cuando en la noche se refleje mi antigua duda y ya no vea en ella mis ojos… entonces, cambiaré mi torpe cuerpo por las alas con las que entraré en la mañana del despertar eterno, más allá de los sucesos momentáneos”.
    Después de haberse instalado por años en la Estación de la Verdad o en la Estación de la Naturaleza del “Ferrocabral”, su cuerpo quedó tendido en la ahora doliente estación de bomberos del Trébol, callado para siempre; el hombre que en sus conciertos igual nombraba un versículo de la Biblia que una línea del Tao Te King, que lo mismo reconocía al Gandhi de su madurez como al viejo Simón de su adolescencia, el hombre que no vacilaba en aleccionar a las masas con Borges o con Whitman, con Jesús, Diógenes o Gibrán; el hombre que describió su propio nacimiento en el libro Paraíso a la deriva, escrito en 1985: “con mis pies por delante, para declarar la rebeldía que me acompañaría por todos los mares, salí de mi madre y entré al mundo”.
    Al igual que el de John Lennon, su grito de paz fue acallado, apagado por un salvajismo emergido de la sombra y sus regiones demenciales.
    El cantor no estará ya más entre nosotros, pero quedan como bálsamo su estela de canciones, el caudal de su exhorto y su cordura, el resplandor de su palabra y la herencia de sus libros…
    Los homenajes se multiplicarán por bahías, provincias, islotes, ciudadelas y comarcas de todo el planeta, mas Facundo Cabral, como el gran maestro que siempre fue, vendrá a recordarnos la lección con el poema que hace treinta años le escribió a la muerte: “Cuando vengas a buscarme/llorarán los que no entiendan/pero será la gran fiesta/para aquellos que comprendan”; o bien, con el testimonio que en su libro “La magia de Cabral” recoge el español Pla Ventura: “[…] sé desde los salmos bíblicos, que la hierba que brota en la mañana, es segada en la tarde, al fin y al cabo, la vida es un solo día que se alarga, y mi día ya ha sido más largo que el de Jesús y el de Rimbaud”; o tal vez con las palabras que pronunció en México durante su concierto en el Palacio de Bellas Artes en 1973: “Todos vamos por el tiempo andando el mismo camino, andando el mismo camino de la vida hacia la muerte o de la muerte a la vida…”
    Seguramente somos muchos, incontables, quienes hemos relacionado nuestra historia personal con la obra del cantor. En mi caso, y por mencionar algo, debo decir que su canción me acompañó como aliento y esperanza durante aquellos meses dulceamargos de mi breve estancia como estudiante de filosofía en la Universidad de Guanajuato en 1987; mi hija América Celeste se llama así por la entrañable canción del maestro; su palabra me trazó el camino en mis primeros años como profesor rural; he interpretado varios de sus textos como declamador…
    Desde 1977, año en que lo escuché por primera vez, he sido un perseguidor exhaustivo de su obra, desde aquel primer acetato del “Pobrecito mi patrón” en el que lo acompaña la orquesta de Ricardo Miralles, hasta ese regalo, relativamente reciente, llamado “Los papeles de Cabral (No estás deprimido, estás distraído)”.
    Creo que como él ninguno. Su palabra alada y el misterio de su canción no tienen paralelo, a pesar de que existen cantores que en calidad y proyección están al nivel de su estatura: me refiero a Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui o el mismo Joan Manuel Serrat.
    Tuve oportunidad de verlo por primera vez, en vivo, en el Teatro de la Paz en San Luis Potosí, en 1988, (once años después de que comencé a escucharlo). Posteriormente lo vi tres veces más aquí en Aguascalientes, entre 1989 y 1991.
    Es curioso, pero muchos experimentamos lo mismo después de asistir a un concierto del maestro: un sentimiento inefable, una magia cautivante y una aspiración inequívoca por la libertad del hombre.
    Facundo Cabral comunicó siempre su sentimiento, su pensamiento, su convicción, como el cantor auténtico que fue, que es… Cultivó la copla, aunada a la prosa torrencial matizada por la oscilación deliberada entre la reflexión profunda, la sabiduría universal y un humor inigualable.
    Cuando él se paraba en un escenario, el espectador se encontraba siempre ante una ventana que daba a la libertad. Ahí estaba el nuevo profeta, un maestro venerable cuya palabra volaba hacia muchos horizontes, porque su palabra era una multitud de alas que estallaban e iban hacia cualquier rumbo.
    Ingrid Matta ha hecho la descripción exacta del maestro en una sola frase: “un gran místico de nuestros tiempos”.
    Es cierto que hay quienes, desde una apreciación superficial, lo han clasificado como cantante light o como trovador pseudorreligioso, pero me da la impresión de que eso se debe a que de él no han escuchado más que la dulce ambigüedad del “No soy de aquí, ni soy de allá”, o el enternecedor “Vuele bajo”, que aunque son sus creaciones más conocidas, a mi juicio no son las mejores ni las más acabadas. Habría qué escuchar por ejemplo, “Mi amada, carbón sagrado” o “Una paloma blanca”, piezas de 15 minutos cada una, donde sublima su creatividad, o más aún, habría qué leer “Paraíso a la deriva” (primera parte de sus memorias, publicadas por Planeta en 1986) o bien “Ayer soñé que podía y hoy puedo” o la plaquette “Salmos” (ediciones del autor).
    Facundo Cabral más que un poeta fue un profeta, y como todo profeta, fue un gran predicador, un hombre que predicó la libertad, esa romántica libertad a la que muchos hemos aspirado creyéndola imposible. Él la vivió, la sintió, la alcanzó a cada instante, en un concierto, en el mar, en un hotel, en la calle, en el desierto o en la aldea, porque nunca fue de “los que sacrifican el sueño de su vida por el pan de cada día”. La vivió como los grandes trashumantes de la historia, como los sabios antiguos y modernos, de Pitágoras a Einstein, de Confucio a Sartre, de Netzahualcóyotl a Neruda.
    Hace varios años, al salir de un concierto que el maestro dio en el Teatro Morelos, aquí en Aguascalientes, mientras caminaba por las anochecidas callejas del centro histórico, se me ocurrió una ficción que por momentos he creído posible:
    Hubo un profeta hebreo de sandalias raídas que alzaba en los desiertos la reverberación de su palabra. Vivió y murió para después transformarse en un aeda griego; como tal, atrapó la belleza escondida en la geometría de los mármoles. Encarnó después en un poeta romano y denunció sin temores las miserias imperiales. Así vivió y murió para reaparecer luego como un juglar del medioevo; provisto de su laúd, versificó la vida en aldeas y castillos para ser después un predicador novohispano; el predicador llevó su flama de amor a los conventos y las chozas y reapareció luego como un trovador mexicano; éste entonó la justicia en la hacienda y el barbecho y después de morir, renació como un cantor argentino moderno y errabundo: ese cantor argentino hoy predica la libertad y se llama… Facundo Cabral(…)”.
    La obra literaria -de la autoría del eminentísimo intelectual mejicano, Don Armando Quiroz- la cual me he permitido transcribir, literalmente, en precedencia, fue con la cual, él dio cuenta al Universo <<>> de su sublime sindéresis hecha exposición, enriquecida con elevadas formas gramaticales y magistrales toques de profundidad temática dedicadas, exitosamente, a exaltar la dimensión y el perfil progresista de Facundo Cabral quien pervive por siempre en el incuantificable colectivo latinoamericano en espera de una nueva producción literaria de tan apreciado poeta mejicano que nos brinde nuevas oportunidades de cerrar, con broche de oro, ciclos vivenciales de profunda incidencia espiritual como aconteció en fecha julio 18, 2011 a las 9:49 pm.
    ¡Con profundo aprecio!
    GUARATARO DEL GUAIRE

  12. Aveledo o AvePedo o AvePeo reconoció que una parte importante del país prefirió no pronunciarse ” [¡por el fracaso en fracaso cagurrio de la MUD y sus mediocres secuestradores!]y no le dio la importancia que nosotros le pedimos a la elección [por los transpiés en transpiés en que han incurrido los desatinados políticos que se cojieron las gr´ngolas de
    la MUD ], la reflexión es por qué no pudimos lograrlo[¡por las plastas
    en plastas de ínfima calidad que pusieron cada vez que confundierón los
    taburetes de la MUD con pocetas desniveladas y sin papel de limpiarse
    el animal!] y lo otro es una reflexión (será una inflección cerebro-anal] a nivel ciudadano, que se pregunten ¿hice yo bien al no
    pronunciarme y no votar?”[claro he hice bién porque ya me ladillé de las ridiculeses, sandeces y mentecateces de AVEPEDO y sus secuaces disociadores psicóticos].

  13. Venezuela, hoy absorta en el Espíritu de la Navidad se prepara para dar y seguir brindando sus más preciados presentes decembrinos al Ser apreciado, adecuado, inesperado y sorprendido quien no tiene que darnos las gracias al recibirlo, porque somos nosotros quienes se las debemos por aceptarnos nuestro humilde, mejor y sincero obsequio. El mío para todos ustedes, en esta Navidad, la propiamente dicha [la más sublime que la del decir de que: “Todo el año es navidad”], está referido a la obra literaria: “Coloquio bajo la palma”, poema de Andrés Eloy Blanco como exaltación del espíritu de superación del ser humano, de la necesidad de estudiar y prepararse (alumbrarse; como señala el apreciado poeta venezolano A.E.B., tomando la idea de Bolívar: ”Moral y luces son nuestras primeras necesidades”) cuyo contenido poético es del tenor siguiente:
    “(…) Lo que hay que ser es mejor
    y no decir que se es bueno
    ni que se es malo,
    lo que hay que hacer es amar
    lo libre en el ser humano,
    lo que hay que hacer es saber,
    alumbrarse ojos y manos
    y corazón y cabeza
    y después ir alumbrando.
    Lo que hay que hacer es dar más
    sin decir lo que se ha dado,
    lo que hay que dar es un modo
    de no tener demasiado
    y un modo de que otros tengan
    su modo de tener algo,
    trabajo es lo que hay que dar
    y su valor al trabajo
    y al que trabaja en la fábrica
    y al que trabaja en el campo,
    y al que trabaja en la mina
    y al que trabaja en el barco,
    lo que hay que darles es todo,
    luz y sangre, voz y manos,
    y la paz y la alegría
    que han de tener aquí abajo,
    que para las de allá arriba,
    no hay por qué apurarse tanto,
    si ha de ser disposición
    de Dios para el hombre honrado
    darle tierra al darlo a luz,
    darle luz al enterrado.
    Por eso quiero, hijo mío,
    que te des a tus hermanos,
    que para su bien pelees
    y nunca te estés aislado;
    bruto y amado del mundo
    te prefiero a solo y sabio.
    A Dios que me dé tormentos,
    a Dios que me de quebrantos,
    pero que no me de un hijo
    de corazón solitario (…)”
    Autor: Andrés Eloy Blanco.

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