Octubre 1996

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16 de octubre de 1996, 20 horas. Era el gran día. Guatemala se iba a enfrentar a Costa Rica en el inicio de las eliminatorias al Mundial Francia 1998. Mi hermano y yo habíamos decidido asistir al partido. Lo esperé media hora en la entrada principal, donde quedamos de juntarnos. Cuando llegó me enojé, porque dijo que quería esperar al Toribio, un su cuate que asistía por primera vez al estadio. Leer más →

Instrucciones para no hacer el ridículo con un famoso

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Al existir la probabilidad de encontrarnos algún día con un famoso, debemos estar preparados para no hacer el ridículo y no molestarlo. Aparentar indiferencia sería algo cobarde, porque la verdad es que nos morimos por hablar con él, pedir un autógrafo y sacarnos una foto.

Aquí están las instrucciones:

1.- El famoso es humano como nosotros. Caga, se hace pipí, se pone nervioso, dice muladas a veces, hay gente que lo quiere y gente que lo odia, en fin. Debemos estar conscientes de eso, así no lo miraremos como un dios, sino como a un mortal que tiene prestigio.

2.- Una vez ya mentalizados, nos acercaremos a él con sigilo y tocaremos suavemente su brazo (puede ser el izquierdo o el derecho) y le diremos con suavidad que somos admiradores de su trabajo y lo felicitaremos. En ningún momento tenemos que dejar salir nuestra emoción desbordada, pero tampoco mostrarnos como indiferentes, porque eso ofende a los famosos.

3.- Si recibimos una muestra de indiferencia o de desprecio en el paso anterior, se descarta toda la posibilidad de comunicación y nos retiraremos dignamente, sin mostrar enfado.

4.- Si no percibimos rechazo, depués de adularlo un poco (no más de 20 segundos), procederemos a solicitarle la foto y el autógrafo.

5.- Agradecemos educadamente su gentileza, le decimos que seguiremos de cerca su carrera, y lo instamos a seguir adelante.

6.- Nos retiramos sin apresuramientos y cuando ya el famoso no pueda vernos, brincaremos y gritaremos de la emoción reprimida. No importa, el ridículo ya no lo verá el famoso.

¿Ven cómo es de fácil?

¿Qué parte no se entendió?

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Un empleado que renunció de la empresa, me llama por teléfono para averiguar cuándo puede pasar por su cheque del salario que se le adeuda.

—Aló, ¿Hablo con José?
—Sí vos. Te espero después de las cuatro de la tarde.
—¿Entonces ya puedo pasar por mi cheque?
—Sí, pero después de las cuatro.
—¿Y a qué hora puedo pasar?

Fábula educativa

Cierta vez, Pepe y Polita decidieron ir a molestar a la casa del chico inteligente. Pensaron que mejor era ir disfrazados, para que el chico inteligente no los reconociera. Pero el chico inteligente los reconoció al instante, y decidió tirarles la puerta en la cara. Al fin y al cabo, Pepe y Polita no podrían quejarse, porque supuestamente ellos no habían ido a molestar.

A pesar del portazo, Pepe y Polita no entendieron la lección del chico inteligente y siguieron yendo a molestar con el disfraz puesto. El chico inteligente los atendió y los dejó protestar, para que se aburrieran y se fueran. Y he aquí que Pepe y Polita, al fin entendieron.

Por algo es el chico inteligente.

Pidiendo pisto

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Llamo a un mi cuate para pedirle prestado:

Yo: —Qué onda vos, ¿cómo te va?
Mi cuate: —Que onda mano ¿cómo te va?
Yo: —Tranquilón vos ¿y vos?
Mi cuate: —Tranquilón.
Yo: —Y ¿que tal de chance?
Mi cuate: —Pues algo jodido vos, no hay chance.
Yo: —¿Y no que te había ido bien pues?
Mi cuate: —Pues sí, pero la mara no paga vos. Mala onda.
Yo: —Pa’ que jodidos. Esos pisados siempre hacen eso.
Mi cuate: —¿Vos no tenés cien pesos que me prestés?

Gravedad

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Generalmente, no me acuerdo de lo que he soñado en la noche. Los científicos dicen que uno siempre sueña, así que lo que tengo es mala memoria.

El sueño más sin sentido que he tenido fue éste:

Estaba en la sala de mi casa, eran las tres de la tarde. De repente, escuché un ruido en la calle. Fue como si hubiera estallado un cilindro de gas propano. Me asomé por la ventana y vi cómo caía un carro en mi jardín, luego un bus urbano, otro carro y un microbús en la calle. ¿Qué es esto? Pensé en salir, pero si me caía uno de esos encima, ya no la iba a contar.

Encendí la radio. Escuché que algún aditivo en las gasolinas estaba provocando que los vehículos flotaran. Me pareció de lo más ridículo, pero lo que estaba pasando lo era también.

Y luego, desperté.

Seducción telefónica

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Tengo una voz seductora por teléfono. Me di cuenta cuando cambié definitivamente de voz en la adolescencia. He llegado a dominar el arte de la seducción telefónica. Según sea el carácter de la mujer, puedo hacer el tono más grave o más agudo, y darle ciertos énfasis cruciales para la seducción.

Todas mis compañeras de colegio me llamaban casi todos los días. Y no cambió en la universidad. Puedo decir que ninguna de mis novias se ha enamorado de mí a primera vista sino a primera voz por teléfono.

En el trabajo no hablo por teléfono, porque no aguantaría llamadas todo el día y por supuesto, me despedirían. Mi jefe conoce el caso, así que todo mundo tiene instrucciones para no pasarme llamadas. Por eso es que el email me es muy útil, ese gran invento del hombre me ha sacado de apuros.

Se ha hecho tan grande el asunto que tengo un celular exclusivo para mis fans, que no enciendo más que dos horas diarias; ellas ya saben que según sea el día, lo activo en diferente horario. El número de teléfono de mi casa lo he tenido que cambiar en varias ocasiones y la empresa de telefonía no lo publica en la guía.

Ya me han ofrecido de esos números de promoción. Dada la demanda que tengo, se podría cobrar más cara la llamada por minuto y repartir las ganancias entre la empresa y yo. Pero me he negado porque creo que mi don debe compartirse, no venderse. Mis fans más fieles seguro que se desilusionarían. Y uno se debe a las fans.

Economía basada en el consumidor

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Si yo digo por ejemplo: “Las empresas deben enfocarse en el cliente si quieren mantenerse en el mercado”, todos me darán la razón. Porque así es, el que sostiene a la empresa es el cliente. Pero en cambio, si digo: “Las empresas deben enfocarse en el gerente general, que identifica las necesidades del mercado e invierte inteligentemente”, creo que no me darán la razón y hasta piensen que estoy loco. Si digo esto último aplicado al accionista: “Las empresas deben enfocarse en el accionista, que arriesga su capital por el bien de los demás”, igual no estarán de acuerdo.

Pues este último enfoque es el que enseñan en una de las universidades de Guatemala. Dicen que el inversionista es el que genera riqueza, puesto que identifica las necesidades de los consumidores e invierte para que sean satisfechas, generando empleos y haciendo crecer la economía. Entonces, hay que darle todas las facilidades para que logre su cometido, y luego distribuya la riqueza generada entre los empleados y proveedores que hicieron posible la labor. Adivinen quién fue el que fundó la universidad y quién es el principal ideólogo de la misma. ¡Claro! Un inversionista importante que tiene varias empresas en el país.

El consumidor es el que genera la riqueza, no el inversionista. Así como el cliente genera las ganancias de la empresa. Las políticas de Estado entonces deberían enfocarse principalmente en quien genera la riqueza. De ninguna manera estoy diciendo que los inversionistas no son parte importante, ni que haya que írseles en contra, sino que no son el motor de la economía. Les aseguro que partiendo de este principio, cambia en el formato económico que nos plantean.

El Señor Presidente

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Luego de aquella conversación, estaba seguro de que la situación no cambiaría, que por más que yo luchara, seguiría siendo lo mismo, no cambiaría nada, no habrían posibilidades de nuevas ideas, de iniciar un movimiento para mejorar el país y sacar de la pobreza a sus habitantes, crecer como nación y trascender en el mundo, no, no hay nadie dispuesto a ver más allá del interés de su propia nariz, no les importa que en el futuro ellos mismos salgan beneficiados, pero eso sí, son buenos para exigir de todo, para señalar a todo el mundo y creerse los indispensables, les aseguro que me sentí solo como Jesucristo en el huerto, porque yo era el único allí que quería cambiar las cosas y luchar a muerte por un futuro mejor, por eso, porque no puedo luchar solo, salí con lágrimas de Palacio y al siguiente día decidí unírmeles porque no podía contra ellos.

Los mexicanos no hablan buen español

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Cuando los guatemaltecos cruzamos nuestra frontera con México, nos damos cuenta que el español del hermano país es muy pobre. Pero preferimos no decírselo a ellos para que no se ofendan. Christian, como cualquier persona normal, quería un agua con pajilla en una tienda de conveniencia:

Christian: -Regáleme un agua con pajilla.
Vendedor: -Aquí no se regala nada.
Christian: -Digo, véndame una pepsi pues.
Vendedor: -Pero me había dicho que quería agua.
Christian: -No, me refería a un agua gaseosa pepsi.
Vendedor: -¿Y qué es eso de pajilla?
Christian: -Disculpe, me refería a un popote.

Y eso que dicen que hablan castellano.