Morado

Por José Joaquín López

Muy temprano por las mañanas, se levanta la morenita de la esquina. Se asoma a la ventana y mira a la casa de enfrente, donde está su príncipe azul, a ver si ya se levantó y si está tomando el desayuno con periódico, como acostumbra. Siempre está lista para cuando él va a salir, pero no todas las veces sale al mismo tiempo para no darse color. Si salen al mismo tiempo, ella finge no verlo, sólo se acomoda los lentes y mira al suelo aparentando pensar en algo importante. El sólo la mira y piensa esta chava qué onda qué rollo y ambos caminan hacia su lugar de trabajo, en dirección contraria.

Ella no encuentra la manera de decirle, de abordarlo, de gritarle que está loca por él. Planea durante semanas la forma en que se lo va a decir, ensaya frente al espejo, habla con la Virgen de Fátima y le cuenta, pero cuando llega la hora y lo ve, le ataca una náusea maldita y le falta la respiración y empieza a sudar y se pone estúpidamente roja.

Un día de tantos, no lo ve desayunar. Debe estar enfermo, piensa. Se angustia a muerte cuando sale y ve al carro funerario arrancar frente a su casa, y corre detrás como poseída, con el corazón explotando en sus oídos, lo alcanza y lo hace detenerse. Y lo ve allí, a través de la ventanilla, con su rostro lloroso. Se acerca y él le cuenta que ha muerto su mamá, y ella al abrazarlo sin querer le da un cabezazo que le deja el ojo morado.


Categoría(s): Amor

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