Llaman a la puerta

Por José Joaquín López

Llego a mi casa, noto que olvidé las llaves y entonces toco el timbre. Mamá responde por el intercomunicador y le digo que soy yo y me pregunta que quién yo y yo le digo que soy yo, José. Ella cuelga el intercomunicador y al parecer sale, pero el que abre la ventanilla de la puerta es un tipo igualito a mí. Qué mierda —pienso—, ahora viene esa historia de que yo no soy yo porque soy el clon de mí mismo y toda esa vaina de las películas de ciencia ficción. Mirá —le digo al cuate—, ya mismo te me vas a la verga si no querés que te taleguee y te haga arrastrado. El cuate se queda pensando y dice algo supuestamente inteligente para tratar de confundirme (al fin y al cabo es igualito a mí), pero lo que dice son puras muladas de chavo recién salido de la pubertad. Y hasta ese momento me doy cuenta de que el cuate soy yo pero hace quince años, y que para la situación extraña, estoy comportándome sereno (es decir, el otro yo, el chavito que atiende). Me despido y le deseo buena suerte, porque si me quedo es posible que no esté preparado para verme y perdonarme lo que fui.


Categoría(s): Breves

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