Liberación masculina

Por José Joaquín López

La semana pasada una noticia de prensa puso a reflexionar a toda Guatemala. Un hombre en la víspera de un matrimonio que no quería, finge un secuestro y le pide rescate a la familia de la novia. Claro, ellos eran los culpables, ellos tenían que pagar por querer conseguirle marido a la doncella.

Las mujeres siempre nos han perseguido pretendiendo casamiento y las consecuencias son que nosotros no tenemos relaciones estables, que ya no vamos a la iglesia y que no buscamos ganar más, porque al fin y al cabo, el dinero es para la mujer. Yo me imagino que el pobre hombre, acosado por la novia y presionado por las dos familias, había aceptado el enlace matrimonial. La sociedad no puede aceptar la soltería feliz como modo de vida, y a manera de venganza (casi todos son casados), estigmatiza a los solterones.

A nuestro valiente héroe le pusieron un domingo cualquiera como fecha del principio de sus males, en la iglesia del pueblo. Y durante todo el tiempo anterior fingió estar de acuerdo para no defraudar a sus amigos y familia, de él y de ella. Pero cuando se acercaba el día, y su angustia crecía y crecía, un rayo de luz iluminó sus maltrechas neuronas, y decidió seguir con su feliz vida de soltero en lugar de empezar el infierno tortuoso del matrimonio: fingiría un secuestro, y aparecería una hora después de la ceremonia religiosa, enfrente de la iglesia del pueblo, con el pecho erguido y la frente en alto, diciendo lo que nadie había querido oír bien: no se quería casar y qué pisados. Y así lo hizo.

No faltaron las mujeres que dijeron “pobre la novia”, equivocando de manera intencional e interesada a la verdadera víctima, que en este caso, felizmente, se salvó de una vida miserable.

Las mujeres deberían empezar a reflexionar acerca de sus pretensiones de cazar hombres para casarse con ellos. Deberían tomar conciencia de que el matrimonio le hace mal al hombre, restringe su libertad y su creatividad, arruina a los buenos grupos musicales.

Hace algunas décadas empezaron con aquello de la “liberación femenina”, ya es hora, mis queridos amigos, de que hablemos de la liberación masculina.


Categoría(s): Sociedad

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