Las mamás buenas deben creerle a sus hijos

Por José Joaquín López

Una noche que regresaba del trabajo y venía aburrido, iba delante de mí, caminando por la acera, una señora algo gordita con bolsas de supermercado en las manos. De pronto la alcancé, pero como estaba caminando casi a la misma velocidad que yo, hubiera tenido que acelerar para rebasarla y no quise hacerlo porque me dio hueva. Así que caminamos juntos durante algunos metros, ella adelante, yo atrás.

La doña se sintió perseguida y empezó a voltear de reojo con gesto asustado, y de repente, la muy loca empezó a correr. Yo aceleré el paso, y como estaba en mejores condiciones físicas (cuestiones de edad y talla), seguía pegado a ella sin mucho esfuerzo. La gorda entonces aceleró su corridito y yo aceleré también hasta casi trotar, y seguía pegado a ella. La señora de cuando en cuando hacía reojos y constataba que yo seguía atrás. Por fin, cuando llegamos a un lugar oscuro tuvo que parar y casi ahogándose por el esfuerzo, me dijo angustiada, entre resoplo y resoplo:

—Llévese todo mi dinero, pero no me haga nada.

—Pero señora, no entiendo, yo sólo caminaba atrás de usted.

—No voy a avisarle a la policía, ni nada —contestó sin entender lo que le había dicho—, tome tome, llévese mi monedero, ahí están los 500 quetzales de mi pago de hoy —dijo extendiendo la mano temblorosa con un monedero de tela típica.

—Señora disculpe, pero yo no tenía ninguna intención de molestarla. Yo sólo le seguía el jueguito.

—No no, váyase y déjeme tranquila, ya bastante tengo con el marido mantenido y borracho que tengo. Déjeme en paz.

Al ver que la doña estaba en su propio mundo, no tuve más remedio que salir corriendo con mi monedero de 500 quetzales.

En la casa tuve que soportar las malas miradas de mamá que desconfía de que lo que digo sea cierto. Lo bueno fue que con eso se pagó el internet y el teléfono que papá no quería pagar, porque dice que yo sólo ando malgastando el pisto en chat y pornografía, cosa falsa, por supuesto.


Categoría(s): Humor

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