La pedida

Por José Joaquín López

En una aldea del interior de la república, Evaristo Penados se prepara para ir a pedir la mano de su novia, María Pirir. Llevan un año de noviazgo y Evaristo sabe que María, la Mari, es todo para él, y narcotizado por la locura del enamoramiento no puede esperar más a que sea su mujer. Todo será mejor con su compañía, piensa, fantasea con hacerle el amor de manera romántica y demás cosas como envejecer juntos, algo que parece tan fácil cuando se está enamorado. Sin embargo, tiene miedo de que el papá de ella, el cascarrabias de don Jacinto, ponga algún pero o que lo trate mal, y eso lo tiene un poco angustiado.

Evaristo se enteró ayer que está de visita en el pueblo el primo del Rudy, su gran cuate, y sabe que este primo es bueno para la casaca, porque está estudiando en la U y vive en la capital y hasta medio cantante es el jodido. Así que por la mañana, tempranito, fue a la casa del Rudy y le pidió que su primo fuera con él para decir algunas palabras en su nombre, que a él le daba mucha pena y que de su familia nadie quería ir porque odiaban a los Pirir. Rudy le preguntó a Danilo, su primo, y éste dijo que sí, pero que antes quería que lo invitara a unos sus tragos, así como para agarrar algo de valor.

Así que Evaristo se arregla y pasa a las tres de la tarde por Rudy y Danilo y se van a la cantina del pueblo. Evaristo le cuenta a Danilo cómo es de bonita la Mari, cómo es de arrecha para las cosas de la casa y de cómo la quiere. Como no te ha dado nada, cogértela querés va vos Evaristo, le dice el Danilo sonriendo burlonamente. Yo la quiero mano, de veras, no sólo para coger, no te niego que éstá bien buena la jodida, pero no sólo para eso mano, yo a esa chava la quiero de veras. Vos estás colgado mano, pero de a huevo, me caés bien, vamos a cranear la casaca para el viejo, no te ahuevés. Echémonos el par de tragos pues y vamos para allá.

Piden un par de octavos en la cantina, platican y ríen hasta que les duele la panza, Danilo es chingón, a pesar de estar en la U y todo es buena onda el compadre, piensa confiado Evaristo. Así que Danilo, Rudy y Evaristo se hacen grandes cuates, y contentos como están, van a traer la guitarra a la casa del Rudy y se ponen a cantar al Chente Fernández y a los Tigres del norte, mientras los alegres octavos fluyen y armonizan.

Tú me robaste el alma, tu me robaste el amor, canta el Danilo y sus compinches en la cantina, y los comensales, alegres y motivados, invitan a más octavos. Todo mundo alegre, y Evaristo hasta empieza a llorar, porque su sueño se hará realidad y la Mari será suya. Qué chulos ojos los que tiene esa linda joven que estoy mirando, canta Danilo al tiempo que todos gritan y corean. Y así se les pasa el tiempo y llega la hora de ir a la pedida. A las siete en punto lo quiero aquí, le había dicho don Jacinto, con gesto adusto, dos días antes. Así que a las seis de la tarde los tres amigos, ya bien cabezones, salen para la casa del Rudy a lavarse los dientes y la cara para cumplir con el compromiso. Danilo es el que está más borracho, y eso le preocupa un poco a Evaristo, pero luego de un café se le pasa un poco y piensa que todo va a salir bien.

A las siete menos cinco llegan los tres amigos a la casa de la Mari. Ella misma los recibe con una sonrisa de oreja a oreja y con un espectacular vestido verde que hace babear a los tres. De veras que está guapa tu tráida vos, le dice Danilo a Evaristo. La Mari, la más pequeña de tres hermanas, justo acaba de cumplir los 18, y doña Filomena, su mamá, hubiera preferido casar a las dos grandes antes, pero la Mari siempre fue la más aventada y traidera. Doña Filomena también se preocupa porque es muy probable que don Jacinto no quiera nada con Evaristo, porque siempre ha odiado a los Penados. Después de los saludos pertinentes la comitiva de pedida de mano avanza hacia la sala de la casa. Danilo entonces se pone de pie, toma la palabra y se dirige a la familia de la Mari, que en pleno, escucha atenta.

Nos encontramos hoy, aquí señores y señoras, para celebrar, para unirnos más como paisanos que somos, como gente de bien. Porque conocemos a la Mari y al Evaristo, una bonita pareja que quiere seguir el camino de la vida juntos. Doña Filomena y don Jacinto, gente trabajadora, ha criado de manera ejemplar a sus hijas, enseñándoles a ser buenas mujeres. No me cabe duda que Mari será una buena esposa y mejor madre, porque eso lo ha mamado desde pequeña. Señores y señoras, el motivo de nuestra presencia aquí es solicitar a los esposos Pirir que acepten a Evaristo Penados como yerno, y que concedan de buena gana la mano de Mari, porque Evaristo está dispuesto a casarse con todas las de ley. Evaristo, un hombre de buena familia, que no tendrá mayores riquezas, pero que tiene el espíritu del trabajador incansable que de sol a sol se gana su pan, sin deberle nada a nadie, sin ser carga de nadie. Un gran tipo, si me permiten decirlo, y un gran amigo, como los mejores. Por eso señoras y señores, les aseguro, jurándolo por mi propia madre, que Evaristo será el mejor marido que la Mari pueda conseguir, y de esto dará fe toda la gente del pueblo y aún las generaciones por venir.

Danilo hizo una reverencia a la concurrencia y se sentó, a esperar el veredicto de don Jacinto.

Todos habían quedado mudos ante las palabras de Danilo, y pasaron algunos largos segundos antes de que don Jacinto atinara a responderlas, tal había sido el efecto narcotizante de las palabras bonitas.

Pues me va a permitir don Danilo, pero no le voy a dar mi hija al Evaristo. Usté estaba hablando tan bonito, tan florido, que hasta parecía que yo sería un burro si no aceptaba su propuesta. Al Evaristo yo lo conozco de patojo y a mí no me van a venir con babosadas. Es un bolo y medio y un huevonazo para trabajar. Así que la respuesta es no, y les aconsejo que ya ni se asomen por aquí porque verga les cae. Si acepté que vinieran, fue porque la Filomena me dijo que les diera una oportunidad, pero sólo oí palabras bonitas y nada de realidades. Fuera de aquí.

Don Jacinto Pirir, que había servido en el ejército, fue a sacar su revólver y lo cargó delante de ellos. Danilo, Rudy y Evaristo no tuvieron más que salir de casa, dejando a la pobre Mari llorando a moco tendido, junto a su mamá y sus hermanas.

La cantina los esperaba nuevamente. Danilo tomó de nuevo la guitarra, carraspeó y entonó una de los Tigres del Norte.

Ya esta cerrada, con tres candados,
y remachada la puerta negra,
porque tus padres estan celosos
y tienen miedo que yo te quiera.

Evaristo ya después de algunos tragos lloraba por su amor perdido. Danilo y Rudy lo consolaron y le ofrecieron todo su apoyo. Esa noche fue que planearon el rapto de la Mari, entre tragos y música, mientras afuera caía una lluvia livianita, livianita. Tres meses después, la Mari era felizmente raptada por Evaristo, con la complicidad de Rudy y Danilo, en una noche de agosto, mientras una tormenta terrible caía sobre la aldea.


Categoría(s): Amor

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