El necio

Por José Joaquín López

Vagando por Internet, Héctor encontró el perfil de Catalina en un sitio de esos de redes sociales, esas cosas que sólo sirven para agregar un montón de supuestos amigos que no tenés en realidad. Navegando por las fotos del perfil de Catalina, Héctor recordó los mejores dos años de su vida y una nostalgia bastante cabrona se le metió y muy emocionado le dio clic al enlace de agregar como amigo(a). La Caty siempre bien guapa, soltera todavía, ojalá y me acepte como amigo. Catalina acepta a Héctor como amigo a los dos días. Si aceptó, quiere decir que no me guarda rencor, piensa Héctor y acto seguido, le manda un mensaje privado, y le pregunta que qué onda, qué se ha hecho, yo aquí trabajando como subgerente en la empresa B, contáme qué es de vos, qué buena onda verte por aquí.

Catalina responde que está en un chance que no le gusta y que todo bien, mi mamá está muy enferma por el cáncer, mi papá ya agarró la onda y dejó un poco el chupe, hasta bien se le mira. Mis hermanos se casaron, y yo ya me gradué de la U. Si ya sos subgerente quiere decir que no te va mal, vos siempre fuiste pilas, me alegro por vos. Héctor contesta mintiendo sobre un empleo en la empresa de un amigo y le pide el número de celular para llamarla. Entonces, como quien no quiere la cosa, le saca una cita en un café después del chance, hablamos más despacio y te cuento tips para entrar en la empresa de mi cuate. Catalina cae pendejamente en la trampa porque de veras necesita cambiar de trabajo.

Héctor se arregla bien catrín, camisa nueva, pantalón nuevo, zapatos nuevos. Cuando Catalina le mira el atuendo y la cara de imbécil que lleva puesta, sabe que le espera lo peor y que del mentado chance no habrá nada. Los dejados a veces pueden ser peligrosos. Después del saludo y las frases corteses de rigor, y de ponerse al día sobre sus vidas, Héctor empieza a hablarle de cómo la ha extrañado y de cómo la quería, le cuenta de las veces que volvió a los lugares en donde paseaban, fijáte que aquel antro donde íbamos seguido cerca de la U lo cerraron porque mataron a un narco adentro y se hizo todo un relajo, pero vos seguís siendo tan guapa, qué bueno que viniste porque de veras que me moría de ganas de verte, bueno, ya sé que estoy hablando mucho y que sólo digo muladas pero es que volver a verte es de a huevo, saber que estás bien y que me aceptaste como amigo en Internet y que aceptaste venirte a tomar un cafecito, qué bueno, de veras vos Caty, cuánto he extrañado las parrandas que nos echábamos y las noches estudiando mate con el mono y el tato y la seca, y hacer el amor en tu casa y en el Omni, qué bueno era todo eso vos, lástima que haya terminado.

Catalina sonríe compasivamente, y le dice sí vos, la pasamos rebien y a vos también se te ve bien. Fue genial esa época, pero no sé que pasó y ya no te quise, y parece que vos todavía no lo aceptás, ya son cinco años vos, ya deberías agarrar la onda. Pensé que de veras venías a echarme una mano con lo del trabajo, porque en donde estoy la cosa está mal, metí las patas con un cliente grande y ya mero me echan, no lo hicieron pero ya no tardan. Me dio gusto verte pero mejor me voy porque no estamos en la misma sintonía vos.

Héctor le dice que se espere, que hará una llamada. Llama a un su cuate y platican y le pregunta sobre la plaza que le había platicado y que qué onda con eso. Pero la verdad no hay tal cuate ni tal llamada porque llamó a su casa y le está platicando a la contestadora, y es tan evidente que está fingiendo la llamada, que el tipo que está en otra mesa leyendo el periódico con un café, lo mira y siente un poco de lástima por lo pendejo que se mira el pobre Héctor y piensa que así debió haberse visto él con la Mariela, aquella vez en el Capitol, cuando aquel gran aguacero, ojalá que agarre la onda, uno no puede andar de pendejo toda la vida porque no se puede, y mejor vuelve al periódico, mientras le da un sorbo a su taza de café. Catalina, ya un poco desesperada, hace como que se va a levantar y Héctor la detiene tomándole el brazo y la mira a los ojos, y con un impertinente y ridículo tic en el párpado derecho, le dice pero mirá vos Caty, ¿de veras vos no sentís nada de nada?, yo no te pude olvidar vos, todo este tiempo y yo te sigo queriendo como un idiota. Catalina lo mira seriamente y le dice lo siento vos, no, mejor soltáme porque esta plática ya no es agradable. El tipo del periódico y el café lo mira todo, niega con la cabeza y suspira en señal de desaprobación.

Catalina se va y detrás de ella se van todas las ilusiones del pobre Héctor. Derrotado y cabizbajo deambula por las calles de regreso a su casa, con la dignidad perdida, odiado por la mujer amada. Se promete no volver a hacer nada igual, pero total, tenía que intentarlo, tenía que saber qué pasaría, aunque tal vez lo hubiera podido hacer con más dignidad y no quedar como un imbécil. Pero no puede resistir la tentación y cuando llega a casa y abre el Internet, le escribe un email disculpándose por haber sido tonto y de todos modos aquí estoy por si necesitás algo, prometo no molestarte más, estáte tranquila vos Caty. Después de mandar el email, mira entre los amigos de Catalina y encuentra a su hermano mayor, su antiguo proyecto de cuñado, con quien alguna vez se echaron las chelas. Hace clic en el link de agregar como amigo(a) y después de que él acepta, le escribe diciéndole vos a ver cuándo nos juntamos a echar un par de litros, ya va haciendo falta, yo estoy de subgerente de la empresa B, por si necesitás algo, ahí estamos a las órdenes mano, contáme pues a ver qué día nos juntamos, yo este viernes estoy libre, el otro día platiqué con tu hermana, y de eso quería hablarte…


Categoría(s): Gente

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