El marido vengador

Hacía un día lindo y soleado cuando Mario se enteró de que su mujer lo engañaba con el ginecólogo. Los vio en un mcdonalds besándose y sonriendo, muy felices. Él pasaba de casualidad a comprar comida para llevar; afortunadamente no lo habían visto. Lo sospechaba desde hacía algunos meses y ahora lo confirmaba. La muy cabrona lo estaba engañando. Furioso, al regresar a la oficina ya no tuvo hambre para comerse la comida que había comprado. En vez de comer, empezó a buscar tiendas de armas en la guía telefónica y decidió que esa misma tarde iría a comprar el arma con la cual se vengaría.

Salió a la calle con la excusa de una visita a un cliente y se dirigió a una armería. En el camino fantaseaba sobre su venganza. Pensaba en cómo le dispararía a la frente a la adúltera, en cómo rogaría ella por su vida llorando y pidiendo perdón. El otro hombre, el ginecólogo de segunda, lloraría como mujer, arrepentido ya sin esperanza, antes del tiro definitivo. Sólo de esa manera, pensaba, era posible restaurar su honor. Ningún hombre que se precie debería tolerar tal traición. A plena luz del día, como burlándose y regodeándose de su fechoría, cual sinvergüenzas, estaban exhibiéndose en un lugar público. Así los había visto y eso no podía quedar impune de ninguna manera. Por momentos, al pensar en los detalles de la venganza, Mario sonreía.

Sin embargo, una cosa es fantasear y otra cosa es la realidad. Mario nunca había sido un tipo violento, sus amigos lo conocían por su tremenda paciencia y su don de gentes. Nunca había disparado arma alguna. Al llegar a la armería y ver el primer revólver que le mostró el vendedor, sintió miedo. Matar no iba con su naturaleza, y ahí frente a un entusiasmado vendedor que no paraba de alabar las virtudes de las armas que vendía, lo comprendió con tristeza. Disculpándose, salió de la tienda y le pareció que a pesar de ser una linda tarde, todo estaba nublado y el día era gris.

Mario se había casado con Valentina hacía siete años. Pese a intentarlo, no habían tenido hijos. Buscando alternativas y consultando con amigos, habían llegado hasta el ginecólogo, el ahora amante de su mujer. Pero en lugar de ayudar a la pareja a tener hijos, el muy cabrón había decidido ayudar sólo a Valentina, mientras sus honorarios los pagaba el marido cornudo. ¿Con qué palabras la habría seducido el matasanos? O peor aún, ¿fue ella quien lo sedujo?

Con estos pensamientos se atormentaba el pobre marido traicionado, cuando sonó su celular. Era Valentina, la vulgar adúltera, que llamaba desde su celular. Preguntaba, como suelen hacer las mujeres, que dónde estaba. Ese mecanismo de control que antes le gustaba ahora lo puso de peor humor.

—¿Qué querés? —preguntó.

—Cuando vengás para la casa, traete café y azúcar, que ya se van a acabar. También servilletas.

—Comprálas vos —le gritó, y cortó la llamada.

Al terminar la llamada Mario estaba temblando de la cólera. ¿Ya había regresado de enmotelarse con aquel hombre? ¿Lo había llamado desde el mismo motel? ¿O en su propia casa los descarados le ponían cuernos? Por su cabeza nuevamente cruzaron los pensamientos homicidas. Algo tenía que hacer, tal ofensa no podía quedar sin ser vengada. De alguna manera la haría arrepentirse. Pasó a un bar a echarse un par de tragos, mientras la tarde, ahora sí, se ponía realmente nublada.

En el bar habían dos mesas ocupadas. Una con un grupo de ejecutivos y otra con un hombre de mediana edad y barba recortada al que veía y saludaba cada vez que iba al lugar. ¿A cuántos de aquellos hombres los engañarían sus mujeres?, pensó. Pidió un whisky. Después del segundo whisky, fue a pedir otro a la barra y el hombre de la barba le dio conversación. ¿Penas en el amor?, le dijo sonriendo. ¿Tanto así se nota?, le preguntó Mario, sonriendo a su vez. Luego de que el bartender le sirviera el trago fueron a sentarse a la misma mesa y empezaron a conversar.

—Yo ya sé cuando miro a un hombre traicionado —dijo el barbudo—. El orgullo herido se nota de inmediato.

—Supongo que se me nota en los cuernos —respondió riéndose Mario.

—La vida, mi estimado, se encarga de poner las cosas en su lugar.

—O la muerte.

—¿No me diga que usted quiere despacharse a su mujer?

—No, sólo digo que también se muere la gente, a veces.

Así fueron conversando los nuevos amigos, riéndose por momentos a carcajadas. Al barbudo también le habían puesto los cuernos, pero como su mujer era la del dinero, exigió el divorcio y plata en desagravio. De esa cuenta no necesitaba trabajar. Y por esas casualidades de la vida, la mujer del barbudo también se había ido con un doctor, pero este era cardiólogo.

Después de varias horas de plática y whisky, los amigos se despidieron. Afuera llovía. Mario recordó con un poco de amargura que a Valentina le gustaba ver los reflejos de las luces en las calles mojadas de la ciudad; le parecía romántico. No quería regresar a casa y fue a un club de desnudistas, de donde salió de madrugada. Al llegar a casa se tendió en el sofá de la sala y se quedó dormido.

Al día siguiente, con la resaca de la noche anterior, todo parecía haber sido un sueño. A duras penas tomó una ducha y se fue a trabajar. Evitó encontrarse con Valentina. Ya en la oficina, recordó la escena de su mujer besándose con el ginecólogo y se volvió a amargar. Sin embargo, al recordarse de todo lo que había pensado para vengarse, se echó a reír. Él, que nunca había disparado un arma en su vida, pensando en matar a alguien. Era ridículo. Además corría el riesgo de ir preso y perder ya no sólo a su mujer, sino todo lo que había logrado.

Salió al mediodía para ver si encontraba de nuevo a su mujer y al amante en el mismo lugar, pero no los encontró. En el camino de regreso a la oficina los vio en el carro del ginecólogo. Los siguió. Se bajaron en una tienda de conveniencia a comprar comida. Mientras hacían la cola para pagar, se besaban como novios enamorados. Mario se bajó del carro y se acercó a una distancia prudencial. Sacó el celular que llevaba al cinto y les tomó fotos.

Al regresar a la oficina subió las fotos al Facebook, etiquetó a su mujer y al amante y las publicó. Por la tarde fue con un abogado de divorcios para asesorarse. Su mujer marcó veinte veces su número, pero Mario no contestó en toda la tarde. Al salir del despacho del abogado, hacía una linda tarde.

46 Comments

  1. Cuando una mujer engaña es sencillo no te ha querido jamas, no hay ni existirá jamás una explicación a tal actitud.

    Que bien por el marido ya que también el mundo esta adornado de millones de mujeres entonces por que morirse por una y mucho menos ir a la carcel por un delito.

  2. Esta muy bien lo que hizo mario, pero si lo detallan este hombre nunca hablo con su esposa,con razon lo engano,las probabilidades que un matrimonio acabe es por falta de comunicacion

  3. Exelente desición la del marido, que sin pensarlo el tiempo y las circunstancias lo hicieron reflexionar, vale mas continuar tu VIDA…

  4. hiziste lo correcto Marío que bueno que no hiziste una locura que solo

    te iba afectar. Felicidades tomaste la mejor decisión. esa mujer no vale nada

  5. Lindo el relato, bien escrito, elegante, diria yo, sin groserías ni excesos. Era cómo leer el capítulo de una novela.
    Sin embargo los conflictos de parejas siempre son de dos, o más. Sin justificar lo que hizo, creo que el matrimonio era muy pobre. Que le faltaba salsa, condimentos. Si no sabes hablar, al menos debisteis ser más cochino. No basta una relación formal y protocolar, hay que llevar morbo y fantasía a la cama.
    Como aprendí esto?. Pues el tipo con el que me puso los cuerno me lo contó. Lo fuí a ver y me contó que él no era el amor de mi mujer, sino que el amante al que ella le pagaba al menos dos veces por mes para que la chupeteara, lamiera, mordisqueara y le provocará los orgasmos que conmigo nunca tuvo.
    De vueltas a mi casa, con sentimientos encontrados, saludé a mi mujer, quien su misa me dió la cena, se acostó y se dispuso a cumplir con lo deberes maritales. Después de los chupetones y mordiscones, de los lametazos y amasados. Gritó como nunca lo había hecho. Hoy, cornudo por ignorancia, mantengo el fuego vivo, es más, ella lo enciende y lo atiza.
    Respecto del otro cristiano, nunca más tuvo que hacerme la pega. Creo yo…

  6. Realmente muy lindo relato, en mi caso la cosa viene de otra manera, pero en fin, como se dice lo mejor es alejarse y todos vivan tranquilos, saludos

  7. La verdad la historia relatada ….mas que bonita nos da reflexionar …es muy doloroso pasar por una infidelidad mas cuando tu amas con transparencia ….pero Dios siempre nos da fortalesa para seguir adelante ,,,,apesar de todo lo que nos pase …..

  8. Felicito a Mario, que DIOS lo Bendiga infinitamente, bien dicen no solo los hombres son chuecos, también las mujeres lo somos, pero felicidades tomaste una excelente decisión, y todo completamente DIOS lo rectifica según fueron tus actos, y creéme DIOS hará justicia
    Bendiciones!

  9. Este hombre nnca hablo con su esposa la descuido y ahi tiene los resultados xk dicen los hombres que si una.mujer es infiel es lo peor ya que si lo es el hombre es xk es puto y pasa ??

  10. yo pase algo parecido… pero amo a mi familia mi esposa y mi hijo, tenia ganas de matarla… y sacarle la misma a ese tipo, lo bueno es tomar aire y tomar decisiones correctas, quizas perdone una pero la segunda lo dudo… la venganza no es bueno cuando se tiene la sangre caliente, decidi arreglar las cosas con ella y decirle en q falle y porq lo hizo, si queria algo q me lo pidiera y no busq a un hombre…. le explique claramente q tenemos un hijo, y no aguantaria q un a puta de mierda, la engañe y menos su mama, por eso decidi perdonarla, y tratar de olvidar estas cosas, es dificil pero ya vere y pude superarlo o no… Dios guie mi camino y no me desgracie por una mujer, se q lo haria pero debo estar frio, es dificil vivirlo y pensarlo distinto, son las emociones q me quieren conducir por varios lados negativos.

  11. a todos nos ha sucedido…. fácil no es, lo importante es pasar la página y olvidar ese inmenso dolor, porqué lo que duele es el amor propio, mentira que es el amor, ese es otro departamento

  12. que bonita historia me encanta saber que a pesar de que descubres una infedelidad y sientas que te llueve sobre mojado, vez una luz luz al final del tunel que hace que medites y no cometas errores de los cuales te puedes arrepentir.

  13. Son muchos los motivos por los cuales una mujer decide ser infiel, el problema es que todos merecemos una segunda oportunidad para enmendarlos, pero no nos la dan y creo que es injusto de parte de ellas, pónganla al revés y no seria igual.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *