El examen final

Por José Joaquín López

Nora pasó toda la noche estudiando para su examen final de matemáticas. No ha obtenido buenas notas en los exámenes parciales. Nunca ha entendido bien todo eso del álgebra, las derivadas y las ecuaciones cuadráticas. Siempre han sido una pesadilla. Después de dos horas de sueño se levanta con pereza e invoca al espíritu santo para que le ilumine y pueda ganar el examen. En el camino a la universidad, sentada en el bus, repasa con cuaderno en mano los problemas que les dejó estudiar el catedrático. Al llegar al aula ya los pupitres están separados para evitar que los alumnos se copien. Se empiezan a repartir los cuadernillos con el examen impreso. Nora le da el primer vistazo y quiere llorar, porque de repente, ya no se acuerda de nada.

Después del primer vistazo, intenta leer con más calma el examen. Se da cuenta de que puede hacer el problema número dos, una simple factorización de una ecuación cuadrática. Observa a su alrededor a sus compañeros, unos, muy concentrados en el trabajo, escribiendo y tecleando en la calculadora, otros, con la mirada perdida característica del que no sabe mucho. Nora sigue avanzando en la resolución de los problemas y en cuestión de media hora, ha logrado resolver un poco menos de la mitad del examen. No es que comprenda todo lo que está haciendo. Ella memorizó todos los problemas que pudo y sólo cambia números para alcanzar respuestas.

Después de resolver los problemas que pudo recordar llega a otros más complejos, los que tienen que ver con derivadas e identidades trigonométricas. ¡No se recuerda de nada! Revisa todos los problemas que le falta resolver y se da cuenta de que no los entiende y que los que memorizó no son exactamente iguales. Resuelve un par de problemas más, un poco adivinando porque no recuerda bien el procedimiento.

Es una mañana soleada y un poco calurosa. Se puede observar por las ventanas la ausencia total de nubes. Por un momento Nora se entretiene mirando una pareja de novios que están afuera, sentados en una banca. Cómo le gustaría que su novio fuera tan cariñoso como se ve el que está afuera. El catedrático camina y observa el examen de Nora. Al verlo, nota que los últimos problemas no están bien resueltos, alza las cejas, resopla y continúa su camino. Esto pone más nerviosa a Nora, que según sus cálculos, tiene que sacar una muy buena nota en el final para ganar la clase.

Una alumna de minifalda y tacones altos se levanta a buscar al catedrático. Al pasar deja en el aire el olor de su perfume. Sus pasos rítimicos resuenan en el aula, alertando a los alumnos. Todos los varones interrumpen su examen para ver las piernas bronceadas y perfectamente depiladas de la coqueta. La muchacha tutea al catedrático y le plantea sus dudas, pero lo que quiere es asegurarse de que ganará el examen. El catedrático mira el examen de la mujer y observa el bolígrafo que ella tiene entre sus labios. Todo mundo se da cuenta de que entre los dos se establece una alianza tácita, y que ella ganará el examen. ¡Gracias profe!, dice la muchacha con voz aguda y regresa a su pupitre. Vuelve a dejar el rastro de perfume a su paso y el ritmo de sus tacones vuelve a llenar el aula.

Avanza el tiempo y los primeros alumnos empiezan a entregar el examen. Los más aplicados han resuelto bien todos los problemas. Algunos se apresuraron a entregar el examen porque no sabían nada más.

Mientras tanto Nora invoca al espíritu santo para que le ayude a resolver los problemas que le faltan. Trata de concentrarse cerrando los ojos y tapándose la cara con las manos. Intenta visualizar las páginas de su libro y de su cuaderno de apuntes, pero se ven borrosas. Sabe que ahí están las respuestas, pero no logra alcanzarlas. Lee y relee los problemas, trata de planteárselos pero no logra concretar nada. Revisa los problemas que ya resolvió y encuentra un par de errores que corrige. Pero el tiempo sigue avanzando y algunos problemas se resisten a ser resueltos.

—Quince minutos para que se acabe el examen —anuncia en voz alta el catedrático.

Algunos alumnos exclaman preocupados. Nora trata de resolver los problemas que le faltan con lo que logra ver en sus recuerdos borrosos. Hay dos problemas que definitivamente no sabe cómo plantear y que decide dejar en blanco. Revisa rápidamente los problemas que resolvió y piensa que ya es tiempo de entregar el examen.

—Tienen diez minutos para terminar su examen, jóvenes —dice el catedrático.

Nora decide entregar el examen, pero cuando se va a levantar escucha alzar la voz al catedrático.

—¿Qué es esto? —pregunta a un alumno, al descubrir una hoja con todos los problemas del examen resueltos.

El alumno no responde. Resignado, espera sentencia. El catedrático toma el examen y le coloca una nota de cero, y le dice al alumno que se vaya. Todo mundo mira al alumno tomar su mochila, guardar su bolígrafo y calculadora, y marcharse sin protestar. Después de que el tramposo descubierto abandona el aula, el catedrático anuncia que quedan sólo cinco minutos más para terminar. Se escuchan expresiones de sorpresa y angustia.

Nora se levanta y entrega su examen. Al entregarlo, a pesar de no estar segura de que vaya a obtener la nota que necesita, siente un gran alivio. Toma su mochila y se va caminando hacia la parada de bus. No quiere esperar a ninguno de sus compañeros. Todo mundo comenta después cuáles eran las respuestas correctas y es frustrante escuchar que no son las que uno obtuvo. En la parada de bus encuentra a la pareja de novios que había visto cerca del aula. Sube a un bus que tiene pocas personas dentro. El piloto esperará que suban algunas más para arrancar. Sentada en el bus, observa lo tranquila que se mira la universidad y resopla aliviada. Irá a casa a dormir. Por la tarde tal vez aproveche el buen día que hace para pasear con su novio. Tendrá que esperar una semana y media para saber su nota final de matemáticas. Piensa en lo feliz que será si gana la clase y en cómo disfrutará de las vacaciones. Mientras el bus comienza a avanzar hacia la salida de la universidad, a Nora poco a poco la vence el sueño, y recostando la cabeza en la ventana, se queda dormida.


Categoría(s): Sociedad

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