El accidente

Por José Joaquín López

Una llamada a las tres de la mañana me despertó diciendo que Andrés había muerto. Me asusté, por supuesto, pero yo no conocía a ningún Andrés. Llamaba una mujer que decía entre sollozos que se había ido a estrellar en su carro. Cada vez que yo intentaba decirle que estaba equivocada ella me interrumpía y continuaba con el relato. No sabía qué hacer, al parecer la policía la llamó para decirle que Andrés había tenido un accidente, pero no le dijo que había muerto y cuando llegó fue un shock tremendo. Viendo que ella no entendía, me dispuse a escucharla y decirle qué hacer.

Imaginé que la mujer que llamaba era la esposa o la pareja de Andrés. Lo primero que le dije es que se tenía que calmar. Tenía que ser fuerte y tenía que decidir lo que se iba a hacer. Primero debería llamar a los padres de Andrés y explicarles lo ocurrido. Debía hablar con el padre antes de la madre. Pero para hacerlo debía calmarse. Tenía que esperar que las autoridades le dijeran qué hacer pero debía llamar un abogado.

Me escuchó y me agradeció los consejos. El accidente había sido en una avenida muy transitada, el carro se había empotrado contra un poste de energía elétrica y Andrés no llevaba el cinturón puesto. Luego dijo que la llamaba un policía y colgó. Como el susto de llamada me había quitado el sueño, me puse a buscar algo en Netflix para ver. Encontré una serie que contaba historias fantásticas del futuro y me puse a ver un episodio. Quince minutos después volvió a llamar la mujer.

Me dijo que había hecho lo que le dije, que el padre de Andrés se quebró en el teléfono pero respiró profundo y quedó de hablar con un abogado amigo de la familia. A la madre la escuchó por el teléfono gritar negando lo que había pasado. El abogado la llamó y le dijo que había que esperar a ver qué decía el ministerio público y la policía, él iba a llegar en ese momento a atenderla. Esta vez la escuché más calmada, aunque siempre sollozando.

Seguí viendo la serie. En un mundo futurista, el único trabajo de las personas era pedalear todo el día en unas bicicletas estáticas. Los obligaban a ver anuncios de programas de televisión o aplicaciones de celular para que gastaran en eso el dinero que ganaban. Si alguien quería salir de esa vida, tenía que ir a un programa de telivisión de talentos en donde los participantes ganaban premios u otros trabajos.

Recibí una tercera llamada. Todo ya estaba bajo control, el abogado estaba hablando con las autoridades y al ser un accidente vial no habría problema en entregarles el cuerpo, pero ellos debían reportar debidamente el suceso. Los padres de Andrés estaban muy tristes y al ver su cuerpo, la madre se desmayó pero se recuperó pronto. Me dijo que ella se iba ir a su casa a arreglarse para ir a la funeraria después. Se despidió diciendo que me amaba. Yo también, le respondí.

Supongo que después se habrá dado cuenta del error y habría llamado al tipo al que realmente quería llamar porque ya no recibí más llamadas. Apagué la televisión y me dormí. Me desperté tarde y llegué una hora atrasado a la oficina. Había mucho trabajo, así que la mañana transcurrió muy rápido.

Durante el almuerzo, uno de los compañeros comentó sobre un accidente que había habido en la madrugada. Un hombre había muerto y el compañero conocía a la familia. Por todas las señas del accidente, era sin duda el accidente de Andrés. Al compañero le contó la historia una prima de la ahora viuda. Al parecer Andrés había descubierto que su esposa lo engañaba, había salido de madrugada con el carro y se había ido a empotrar a un poste de energía eléctrica intencionalmente.


Categoría(s): Gente

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