Cosas que pasan

Por José Joaquín López

Una vez me puse a correr como loco en la universidad. Me tiraba al pavimento y me levantaba como si nada, no me dolía, volvía a tirarme y no me dolía. Parecía que tenía suficiente energía para correr eternamente, yo era el maldito supermán. Me reía puro idiota y seguía corriendo. Salí de la ciudad universitaria y me fui para la casa por el periférico, y seguía corriendo a toda velocidad, sin cansarme. Y me ponía enfrente de los trailers y justo cuando me iban a pegar me tiraba a un lado y los esquivaba y me reía de ellos puro loco. Y después seguía corriendo a toda velocidad, y no podía detenerme, de pronto tenía toda esa energía acumulada de años de estar bien portado atendiendo y haciendo caso de todas las reglas de la sociedad. Llegué a mi casa y no abrí la puerta, de un brinco me salté la pared y estaba adentro y entré y no había nadie ni nada, era sólo una casa vacía y entonces me puse a caminar por las paredes y el techo y hacía triples saltos mortales y me tiraba de cabeza y rebotaba y caía parado. Cuando me aburrí salí otra vez a la calle y corrí y corrí y empecé a angustiarme porque no me sentía cansado y no podía parar, cuándo se va acabar esto, pensaba. Ya cuando iba llegando a Antigua Guatemala, decidí parar y sentarme en una banqueta al lado de la carretera, a esperar que se desacelerara mi corazón, porque en una de esas podía explotar. Tomé una camioneta para regresar a la casa, y cuando llegué todo estaba de nuevo en su lugar, para mi alivio. Entré a mi dormitorio y dormí por los siguientes tres días.


Categoría(s): Breves

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